Mi razón para levantarme cada mañana.
Mi familia.
Y comprendí que, aunque aquella Navidad había cambiado nuestras vidas, no había sido Daniel quien nos había dado algo.
Habíamos llegado con una vida completa.
Nos marchábamos con la posibilidad de ampliarla, pero no con la obligación de reparar a quienes nos habían herido.
Miré por la ventanilla una última vez.
La mansión Reynolds se hacía cada vez más pequeña bajo la nieve.
Durante ocho años, había imaginado que volver allí significaría enfrentarme al hombre que me abandonó.
Ahora sabía que no.
Significaba demostrarme que ya no era la mujer que él había dejado atrás.
Capítulo 9: Tres meses después
La primavera llegó a Texas antes de que terminara de desaparecer el invierno en Colorado.
Mi vida regresó a su ritmo habitual.