Un escudo dorado en el bolsillo karacambia un control de tráfico en la carretera.

Y porque, sin las pruebas, su versión quizá habría quedado enfrentada a la de dos personas con autoridad.

Un día, mientras revisaba el pequeño dispositivo negro, recordó la sonrisa del primer agente cuando le había ordenado que se bajara del coche.

También recordó cómo había desaparecido esa sonrisa al ver la luz roja.

Pero comprendió algo más importante que la expresión de sus rostros.

La grabación no le había dado a Victoria más derechos que a cualquier otra persona. Solo había ayudado a documentar lo que sucedió.

Y eso era precisamente lo que ella quería defender.

Que nadie tuviera que ser investigador, abogado o conocer a alguien importante para exigir una explicación.

Que una persona pudiera preguntar por qué la detenían sin recibir amenazas.

Y que llevar uniforme nunca significara estar por encima de las reglas.

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