Un escudo dorado en el bolsillo karacambia un control de tráfico en la carretera.

—¿Le han informado de sus derechos o de los motivos de su arresto?

—No.

La expresión de la mujer cambió.

—Agente, quítele las esposas. Ahora.

—Pero, sargento…

—He dicho que se las quite.

El primer hombre obedeció de mala gana.

Cuando las esposas se abrieron, Victoria se frotó las muñecas doloridas.

La sargento se presentó y le pidió que explicara lo ocurrido desde el principio.

Victoria lo hizo con calma, sin exagerar ni omitir nada.

Cuando terminó, la mujer extendió la mano hacia el dispositivo negro.

—¿Puedo verlo?

Victoria asintió.

La sargento examinó el aparato.

—¿Esto contiene la grabación?

—Sí. Pero no es la única copia.

—¿Trabaja usted para alguna agencia?

Victoria dudó un instante.

—Soy investigadora jurídica. Colaboro con un equipo que documenta posibles abusos de autoridad y ayuda a las personas afectadas a conservar pruebas. No estaba trabajando en un caso concreto hoy. Simplemente llevaba el dispositivo conmigo.

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