PARTE 2: LA ÚLTIMA VOLUNTAD

—Mi padre quiere verte.

Sonreí inmediatamente.

—¿De verdad?

Lorenzo asintió.

—Lleva toda la mañana mirando hacia la puerta.

Cuando entré en su habitación, Giovanni comenzó a llorar.

Me acerqué lentamente.

—Hola, John.

Sus ojos se iluminaron.

Lorenzo me observó sorprendido.

—¿John?

Me sonrojé.

—Así lo llamaban los empleados. Pensé que era su nombre.

Por primera vez vi a Lorenzo sonreír.

—Mi padre probablemente no había escuchado un apodo tan sencillo en toda su vida.

Giovanni emitió un pequeño sonido.

Casi parecía una risa.

Aquella noche ocurrió algo extraordinario.

El terapeuta había instalado un dispositivo que permitía seleccionar letras mediante movimientos oculares.

Giovanni tardó varios minutos en formar su primer mensaje.

Lorenzo estaba sentado a su lado.

Yo permanecía cerca de la ventana.

Finalmente aparecieron tres palabras en la pantalla.

GRACIAS, MI NIÑA.

Sentí que las lágrimas comenzaban a caer.

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