Uno era Salvatore.
El otro…
Reconocí inmediatamente aquellos ojos.
—Giuseppe —susurré.
Gabriel asintió.
—Mi padre dice que fueron como hermanos.
Me quedé inmóvil.
—Giuseppe nunca me habló de los Rossi.
—Porque ocurrió algo hace cuarenta años.
Gabriel entró en mi apartamento y observó las facturas médicas apiladas sobre la mesa.
—¿Estás enferma?
Negué lentamente.
—Mi madre lo estuvo. Murió hace ocho meses. Todavía estoy pagando sus tratamientos.
Su expresión cambió.
—Lo siento.
Guardé rápidamente los papeles.
—No necesito compasión.
Gabriel me miró con seriedad.
—No te la estoy ofreciendo.
Después señaló la fotografía.
—Mi padre cree que Giuseppe te enseñó ese dialecto por una razón.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué razón?
Gabriel respiró profundamente.
—Giuseppe desapareció de Sicilia después de descubrir una traición dentro de nuestra familia.
Aquella noche, Gabriel me llevó a la mansión Rossi.