—Esa empresa no es mía —respondí.
Rodrigo palideció.
Su abogado revisó los documentos.
—Señor Salgado, tendremos que verificar quién controlaba esa cuenta.
Entonces Rodrigo pronunció un nombre.
—Valeria.
Aquella misma tarde, Valeria recibió una llamada de Rodrigo.
Yo estaba presente cuando él activó el altavoz.
—¿Dónde está el dinero que envié a Elena?
Hubo silencio.
—Rodrigo, no sé de qué hablas.
—Dos millones de euros, Valeria.
Su respiración se volvió irregular.
—Hice lo necesario para proteger a nuestra familia.
Rodrigo cerró los ojos.
—¿Robaste ese dinero?
—¡Lo utilicé para darle a Mateo la vida que merecía!
El silencio fue absoluto.
Después añadió, con voz temblorosa:
—Si Elena hubiera regresado, habrías terminado abandonándonos.
Rodrigo colgó sin responder.
Al día siguiente, Adrián recibió una invitación para visitar un prestigioso laboratorio de investigación médica asociado a Oxford.
El director quería conocer su proyecto sobre modelos matemáticos aplicados al diagnóstico temprano de enfermedades neurológicas.