Debajo escribió:
Creo que voy a necesitar aprender a usar esta.
Le respondí:
Después de coser catorce noches con la máquina de mamá, creo que podrás sobrevivir.
Me contestó con una fotografía de un rollo de tela azul.
Estoy pensando en hacerte otro vestido.
Sonreí tanto que me dolieron las mejillas.
El vestido de denim sigue colgado en mi armario.
No lo guardo porque sea perfecto. Hay pequeñas imperfecciones en la costura interior y una parte de la cremallera que a mi hermano todavía le gustaría corregir.
Lo guardo porque fue la primera vez que alguien me demostró, sin necesidad de grandes discursos, que yo merecía algo bonito.
Y porque mi hermano también se demostró algo a sí mismo.
Que el talento que había escondido no había desaparecido.
Solo estaba esperando un lugar donde pudiera crecer.
A veces, cuando echo de menos a mamá, saco uno de sus viejos vaqueros que mi hermano no llegó a utilizar y me siento un rato con él.