El director se puso en contacto con el responsable de protección y bienestar del colegio. Con nuestra autorización, nos ayudaron a encontrar asesoramiento independiente sobre el dinero que nuestra madre había ahorrado y sobre nuestros derechos como hijos.
No puedo afirmar que aquella investigación recuperara inmediatamente las once mil libras. Los documentos debían revisarse y las cosas no eran tan sencillas como mi madrastra había querido hacernos creer.
Pero dejamos de aceptar que bastara con que ella dijera que el dinero era suyo.
Solicitamos ayuda.
Pedimos que se revisaran las cuentas.
Y, sobre todo, dejamos de enfrentarnos solos a una situación que nunca debió recaer sobre dos hermanos tan jóvenes.
Tres meses después, mi hermano recibió la confirmación de que podía comenzar el programa de formación.
La primera vez que entró en el taller, me envió una fotografía de una máquina de coser industrial.