La había entregado a un maestro en el pasillo.
Pensó que sería suficiente.
Durante tres años creyó que había sido la única persona que había intentado defender a Emiliano.
Renata pensaba lo mismo.
Las dos descubrieron que habían hablado cuando todavía era posible evitar la expulsión.
Y que ninguna de sus voces había llegado a quienes tomaron la decisión.
Entonces Renata decidió llevar el asunto más lejos.
Consultó los procedimientos de revisión escolar.
Reunió documentos.
Habló con Ofelia.
Y le preguntó a Emiliano si quería participar.
Él dudó.
No quería volver a convertirse en el muchacho del incendio.
No quería que lo señalaran.
No quería que su historia circulara otra vez por toda la escuela.
—No quiero que me usen para hacer un escándalo —le dijo.
Renata respetó su decisión.
No lo presionó.