La primera línea decía:
Mi querida Margaret: si estás leyendo esto, significa que ya no puedo explicarte personalmente algo que debería haberte contado hace mucho tiempo.
Tuve que sentarme.
Continué leyendo.
Hay una parte de mi vida que nunca te he contado. No porque no te amara, sino porque tenía miedo de que conocerla cambiara la manera en que me veías.
Hace muchos años, antes de conocerte, tuve una hija.
Dejé de respirar durante un instante.
Volví a leer la frase.
Una hija.
Robert había tenido una hija antes de nuestro matrimonio.
¿Había existido otra mujer? ¿Había mantenido una familia secreta? ¿Había una persona en algún lugar del mundo que llevaba su apellido sin que yo lo supiera?
Seguí leyendo.
Su nombre es Emily. Su madre y yo nos separamos antes de que naciera. Durante años intenté mantener algún contacto, pero cometí errores y permití que el silencio se convirtiera en una costumbre.