Mallory miró a sus hijos.
El mayor escuchaba en silencio. La niña apretaba su conejo contra el pecho.
Por primera vez, mi hermana pareció comprender que la historia que nuestra madre le había contado durante años no era la única versión posible.
—Mamá nos dijo que te habías marchado porque querías vivir por tu cuenta —murmuró.
—Eso fue lo que me pidió que dijera.
Diane se cubrió el rostro.
—Pensé que con el tiempo todo se arreglaría.
—El tiempo no arregla lo que nadie está dispuesto a reconocer.
El silencio se prolongó.
Luego mi madre dijo algo que jamás había esperado escuchar.
—Lo siento, Paige.
No fue una disculpa perfecta. No explicó por qué me había tratado de aquella manera ni borró los años de abandono.
Pero fue la primera vez que escuché esas palabras de su boca.
Y, por primera vez, no sentí la obligación de responder que no pasaba nada.