El hombre asintió.
—Así se hará.
Richard palideció.
No esperaba aquello.
Había imaginado que la joven intentaría vengarse, exigiría privilegios o aprovecharía el apellido de su padre para humillarlo.
En cambio, acababa de pedir que se aplicaran las reglas por igual.
Y eso lo dejó sin argumentos.
PARTE 3: La llamada de Marcus Coleman
Unos minutos después, Zara entró en una pequeña oficina junto a la puerta de embarque.
Elizabeth la acompañó hasta la entrada.
—Zara, quiero pedirte disculpas —dijo en voz baja.
La muchacha la miró sorprendida.
—¿Por qué?
—Porque sabía que tu tarjeta era válida y, aun así, tardé demasiado en hacer que se respetara. Debería haber sido más firme desde el principio.
Zara sonrió ligeramente.
—Usted intentó ayudarme.
—Intentarlo no siempre es suficiente cuando alguien está siendo tratado injustamente.
Elizabeth hizo una pausa.
—Tu padre debe estar preocupado.