—Ryan no es el propietario.
—¡Es tu exmarido!
—Exactamente. Exmarido.
Patricia golpeó el portón con la palma de la mano.
—¡Madison, no olvides quién te recibió en su familia! ¡Te invitamos a nuestras celebraciones, te tratamos como a una hija y ahora nos pagas así!
La miré a través de los barrotes.
Durante cinco años había escuchado aquella misma lista de supuestos favores cada vez que me negaba a hacer algo que ella quería.
Había organizado cenas para sus amigos en mi casa, pagado regalos que Ryan no podía permitirse y soportado comentarios sobre mi trabajo, mi ropa y mis padres.
En más de una ocasión, Patricia había insinuado que yo debía agradecer haberme casado con un Montgomery.
Nunca mencionaba que, durante nuestros primeros años juntos, Ryan había tenido dificultades para mantener un empleo estable.
Tampoco mencionaba quién había pagado la hipoteca, los impuestos y las reparaciones de la mansión.