—Pregúntale a Chelsea —dije.
—¿Papá? —dijo—. ¿Qué hiciste?
—Nada —dije—. Todavía.
Colgué.
A las tres semanas, llamó de nuevo. Pálido, por la voz.
—¿Papá? —dijo—. El banco… ¿qué hiciste?
—Lo que debí hacer hace años —dije.
—¿Qué? —dijo.
—Pregúntale a Chelsea —dije.
—¿Papá? —dijo—. ¿Qué hiciste?
—Nada —dije—. Todavía.
Colgué.
A las tres semanas, llamó de nuevo. Pálido, por la voz.
—¿Papá? —dijo—. El banco… ¿qué hiciste?
—Lo que debí hacer hace años —dije.
—¿Qué? —dijo.