—Una disculpa no borra el hecho de que la lastimó delante de todo el mundo.
—Lo sé —respondió él—. Y aceptaré las consecuencias.
En ese momento se acercó el gerente del supermercado, acompañado por otro empleado.
—¿Qué está sucediendo aquí? —preguntó.
Varias personas comenzaron a explicarle lo ocurrido. Una mujer que había grabado parte de la escena guardó su teléfono y se acercó a mi madre.
—Señora, lo siento mucho. Pensé que debía grabarlo para demostrar lo que estaba pasando, pero no imaginé que terminaría así.
Mi madre recogió sus pertenencias una por una.
—Todos podemos equivocarnos —dijo—. Lo importante es lo que hacemos después de descubrir nuestro error.
El gerente se disculpó en nombre del establecimiento y ofreció llamar a un médico para revisar la muñeca de mi madre. También informó que revisaría las grabaciones de seguridad y que el comportamiento del guardia sería investigado.