—He empezado a hablar con un terapeuta.
Asentí.
—Espero que te ayude.
—Quiero que sepas que nunca quise hacerte daño.
Lo miré durante varios segundos.
—Pero me lo hiciste.
Él cerró los ojos.
—Sí.
—Y cuando tuve la oportunidad de ver si te arrepentías de verdad, intentaste culpar a tu madre, a mí y a las circunstancias.
—Lo sé.
—No quiero que me prometas que cambiarás. Quiero que entiendas que no tienes derecho a exigirme que espere mientras lo intentas.
Daniel se secó los ojos.
—¿Ya no me amas?
La pregunta me dolió.
Porque la respuesta no era tan sencilla como él esperaba.
—Todavía siento cosas por el hombre con el que me casé —dije—. Pero no puedo seguir casada con el hombre que me golpeó y después me pidió que le financiara las consecuencias.
Él se quedó en silencio.
—¿Hay alguna posibilidad de que volvamos a intentarlo?