—¿Quién era ella realmente? —preguntó Thomas.
Eleanor tragó saliva.
—Era una mujer adinerada. Tu padre había trabajado para ella y, con el tiempo, se convirtieron en socios. Pero Margaret no era simplemente una empresaria que nos prestó dinero. Ella tenía una conexión contigo que nunca te contamos.
Thomas soltó su mano de la mía.
—¿Qué conexión?
Eleanor empezó a llorar.
—Margaret era tu madre biológica.
El silencio que siguió fue insoportable.
Thomas retrocedió hasta chocar con la pared. Me acerqué para sostenerlo, pero él levantó una mano, pidiéndome unos segundos.
—¿Me estás diciendo que me adoptasteis? —preguntó.
—Tu padre y yo te criamos desde que eras pequeño. Te dimos un hogar, una familia…
—¡No te he preguntado eso! —gritó—. ¡Te he preguntado si toda mi vida ha sido una mentira!
Eleanor no contestó.
Y su silencio fue suficiente.
Thomas se pasó ambas manos por el cabello, intentando asimilar lo que acababa de escuchar. Toda su infancia, las fotografías familiares, las historias que le habían contado sobre su nacimiento… de repente, nada parecía seguro.