Capítulo 2: El secreto oculto en mi bebida

Tampoco tenía que demostrar que merecía amor sacrificando mi independencia.

Patricia me llamó semanas después para pedirme perdón. Le dije que necesitaba tiempo y que, si algún día reconstruíamos nuestra relación, tendría que ser sobre la base de la honestidad. No podía borrar lo ocurrido, pero tampoco quería vivir para siempre atrapada en aquella traición.

Poco a poco, aprendí a mirar hacia adelante.

Una mañana, mientras preparaba mi bebida favorita, recordé la primera vez que Daniel me había llevado una taza y me había dicho que quería cuidarme para siempre.

Entonces me dolió.

Ahora ya no.

Porque había descubierto algo mucho más importante que el motivo por el que él se había casado conmigo.

Había descubierto que mi vida seguía perteneciéndome, incluso después de haber confiado en la persona equivocada.

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