Capítulo 2: El secreto oculto en mi bebida

Durante seis meses había aceptado cada taza que Daniel me entregaba. Había interpretado sus insistentes peticiones como una muestra de cariño. Incluso cuando me sentía demasiado agotada para mantener una conversación, él me acariciaba el cabello y me decía que debía descansar.

¿Y si todo aquello había sido parte de un plan?

—Doctor, ¿podría estar intentando hacerme daño? —pregunté con la voz quebrada.

Reeves no respondió inmediatamente.

—No quiero sacar conclusiones precipitadas. Pero, por su seguridad, le recomiendo que no vuelva a consumir esa bebida ni ninguna otra preparación que le genere dudas. Necesitamos que reciba una evaluación médica cuanto antes.

Después me miró directamente a los ojos.

—Y hay algo más. Si sospecha que su esposo podría estar administrándole una sustancia sin su consentimiento, no lo confronte a solas hasta que haya recibido orientación médica y tenga un plan para mantenerse segura.

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