PARTE 2: LA VERDAD DEL ABUELO

Me quedé inmóvil.

—¿Conoció a mi mamá?

Margaret se acercó lentamente.

—Fui su mejor amiga.

Sentí que el corazón se aceleraba.

Mi madre había muerto cuando yo tenía cuatro años.

Mi padre casi nunca hablaba de ella.

Y cuando lo hacía, decía que había sido una mujer irresponsable que nunca supo cuidar de su familia.

Margaret tomó mis manos.

—Caleb, tu madre fue una de las personas más generosas que conocí.

Las lágrimas comenzaron a correr por mis mejillas.

—Mi padre decía que ella nunca quiso tener hijos.

Margaret cerró los ojos.

—Eso es mentira, cariño.

Me condujo hasta una habitación luminosa.

Sobre una estantería había decenas de fotografías.

En una aparecía mi madre sosteniéndome cuando era bebé.

En otra, yo estaba sentado sobre las rodillas de mi abuelo.

Retrocedí.

—¿Mi abuelo me conoció?

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