PARTE 2 — LA ÚLTIMA VOLUNTAD

El abogado de mis padres se levantó.

—Su Señoría, mis clientes sostienen que la demandada abandonó la propiedad y que ellos asumieron sus gastos.

Abrí mi carpeta.

—Con permiso, Su Señoría, tengo documentación que contradice esa afirmación.

El juez asintió.

Entregué doce años de comprobantes de impuestos, pólizas de seguro, facturas de mantenimiento y transferencias bancarias.

Cada pago estaba identificado.

Cada fecha coincidía.

—Durante mis despliegues —expliqué—, contraté a una empresa local para inspeccionar la propiedad. También pagué reparaciones del techo y del sistema eléctrico.

Mi padre soltó una risa nerviosa.

—¡Eso no demuestra que viviera allí!

Lo miré por primera vez.

—Nunca afirmé que viviera allí permanentemente, papá. Afirmé que era mi propiedad y que jamás la abandoné.

El juez examinó los documentos.

Después preguntó:

—Señor Carter, ¿dispone de comprobantes de los pagos que afirma haber realizado?

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