—¿Alguna vez le dijiste que podía quedarse indefinidamente o que la casa sería de ambos?
—No. Jamás.
Mariana cerró la carpeta.
—Bien. Necesito que hagamos una relación de los hechos y preparemos una comunicación formal. También vamos a solicitar que te entreguen tus pertenencias completas y que se abstengan de disponer de ellas.
Yo asentí.
Entonces vibró mi teléfono.
Era un mensaje de un vecino, don Ernesto, un hombre de unos sesenta años que vivía dos casas más adelante y que siempre me saludaba cuando regresaba del trabajo.
Daniel, disculpa que te escriba. Ayer vi que sacaron tus cosas. ¿Todo está bien? Hay algo que creo que deberías saber.
Le respondí inmediatamente.
¿Qué pasó, don Ernesto?
Su respuesta llegó un minuto después.
Hace como tres semanas, tu padrastro estuvo mostrando la casa a un señor. Escuché que hablaban de remodelarla y de ponerla en venta. Pensé que tú estabas enterado.