Desde la sala escuché voces elevadas.
Héctor hablaba tan alto que algunas palabras se entendían con claridad.
—¡Me dijiste que esto iba a ser sencillo!
Su abogado respondió algo que no alcancé a escuchar.
Después Héctor dijo:
—¡Yo no sabía que iba a llegar tan lejos!
La puerta se cerró.
Mi madre se llevó una mano a la boca.
Yo no sonreí.
No había nada divertido en ver a otra persona enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones.
Pero por primera vez, Héctor parecía entender que no podía conseguir todo lo que quería simplemente hablando más fuerte que los demás.
8. El pequeño detalle que había olvidado
La negociación no resolvió todo ese mismo día.
Se acordaron medidas para documentar la entrega de mis pertenencias y se estableció un plazo para que las partes intentaran llegar a una solución sobre la ocupación de la vivienda.