Héctor apretó los dientes.
—Porque sabía que ibas a hacer un drama.
Mariana dejó de escribir.
El abogado de Héctor cerró los ojos un instante.
Mi madre comenzó a llorar en silencio.
Yo, en cambio, sentí una extraña tranquilidad.
Acababa de decirlo delante de todos.
No había sido un malentendido.
No había sido una decisión tomada entre adultos.
Héctor había decidido que mis derechos eran un obstáculo para sus planes.
Y había actuado porque esperaba que yo no me defendiera.
Mariana volvió a hablar.
—Mi cliente está dispuesto a negociar una solución razonable, siempre que se respeten sus derechos y se garantice la devolución de sus pertenencias. No obstante, si no alcanzamos un acuerdo, continuaremos por las vías legales correspondientes.
El abogado de Héctor pidió unos minutos para hablar con su cliente en privado.
Salieron al pasillo.