—¿Por qué me la traes ahora?
Mi madre se limpió las lágrimas.
—Porque ayer me pidió que firmara otro documento. Dijo que era para demostrar que la casa era nuestro hogar conyugal. Le pregunté por qué necesitaba mi firma si todo estaba en orden.
Hizo una pausa.
—Me gritó.
Sentí que la rabia me atravesaba.
—¿Te hizo algo?
—No. Pero me dijo que, si no firmaba, yo también podía irme.
Me senté frente a ella.
Por primera vez, comprendí que Héctor no solo quería controlarme a mí.
También quería controlar a mi madre.
Y que la persona que había creído estar construyendo una nueva vida con él quizá estaba descubriendo demasiado tarde que se había casado con alguien muy distinto del hombre que le había prometido seguridad.
—Mamá —le dije con cuidado—, no puedo decidir por ti. Pero si tienes miedo, necesitas hablar con alguien que pueda ayudarte. Y no firmes nada que no entiendas.