La segunda quincena llamó a Valeria.
—Oye… ¿cómo le hacías para pagar tantas cosas?
Ella sonrió con tristeza.
—Dejando de comprarme cosas a mí.
Brayan guardó silencio.
—Creo que nunca me di cuenta.
—No, Brayan. Nunca quisiste darte cuenta.
Él no discutió.
Unas semanas después, le transfirió una pequeña cantidad de dinero.
En el concepto escribió:
Para empezar a devolverte lo que pueda.
No era suficiente para compensar años de gastos.
Pero Valeria comprendió que, por primera vez, su hermano estaba haciendo algo sin esperar una recompensa inmediata.
Aceptó la transferencia.
No porque necesitara ese dinero.
Sino porque quería reconocer el primer paso de alguien que, al fin, empezaba a hacerse responsable.
La carta que Estela nunca imaginó escribir
Un domingo por la tarde, Valeria encontró un sobre en su buzón.
Reconoció la letra de su madre.
Lo abrió en la cocina de su departamento, junto a una taza de café.