No necesitaba demostrarles que podía vivir sin ellos.
Necesitaba demostrarse a sí misma que podía vivir sin pedir permiso.
Mientras tanto, sus padres tuvieron que afrontar las consecuencias de su situación financiera.
Con asesoría y conversaciones con el banco, comenzaron a estudiar alternativas para regularizar la hipoteca. La situación no se resolvió de inmediato, y durante meses siguieron existiendo incertidumbre y gastos que debían atender.
Héctor vendió algunas herramientas y piezas de la camioneta que llevaba años intentando restaurar.
Estela dejó de hacer ciertas compras y empezó a revisar los gastos domésticos.
Brayan, después de varias semanas de quejarse de que nadie le daba oportunidades, consiguió empleo en una empresa de distribución.
El primer mes recibió su sueldo y descubrió que, después de pagar el transporte, la comida y sus gastos personales, no le quedaba tanto dinero como imaginaba.