Brayan soltó una risa nerviosa.
—No es tan fácil.
—Lo sé. Por eso se llama hacerse responsable.
—Tú tienes un buen sueldo. Para ti es sencillo hablar.
Valeria negó lentamente con la cabeza.
—No tienes idea de lo que me costó llegar hasta aquí. Trabajé mientras ustedes dormían. Ahorré cuando ustedes gastaban. Renuncié a cosas que quería porque siempre había una emergencia familiar. Y cuando pedí que respetaran mi tiempo, me llamaron egoísta.
Brayan bajó la cabeza.
—Yo no sabía que estabas tan mal.
—Nunca preguntaste.
Él se quedó inmóvil.
Era una frase sencilla.
Pero llevaba dentro diez años de domingos, cumpleaños, facturas, sacrificios y silencios.
—¿Me vas a perdonar algún día? —preguntó finalmente.
Valeria sintió que los ojos se le humedecían.
—No necesito decidir eso hoy. Pero si quieres que algún día tengamos una relación diferente, tendrás que empezar por cambiar tu manera de tratarme. No por prometerlo. Por demostrarlo.