Brayan parpadeó.
—Pero… ¿no dijo que iba a regresar?
Nadie contestó.
El representante entregó los documentos y explicó los siguientes pasos. Después se marchó.
La puerta se cerró.
Y la casa quedó sumida en un silencio aterrador.
Estela se sentó en el sofá que Valeria había comprado.
Miró la mesa de centro que Valeria había pagado.
Después miró el televisor que Valeria había elegido y financiado.
Todo a su alrededor parecía recordarle, de pronto, quién había mantenido aquella casa funcionando.
—Tenemos que llamarla —susurró.
Héctor sacó el teléfono.
Pero antes de marcar, apareció un mensaje de Valeria.
Sé que el banco fue a la casa. Estaré ahí a las cinco de la tarde para hablar con ustedes, el representante bancario y mi abogado. No voy a discutir ni a gritar. Solo vamos a aclarar la situación.
Estela comenzó a llorar con más fuerza.