—No nos abandonó porque no supiera dónde estábamos.
Se volvió hacia Michael.
—Nos abandonó porque alguien le pagó para hacerlo.
Michael cayó de rodillas.
—Muchachos, por favor…
Pero Daniel ya había tomado mi mano.
—Vamos, mamá.
Nathan se colocó a mi otro lado.
Y mientras caminábamos hacia la salida, escuché a Michael llamarlos desesperadamente.
Ninguno volvió la cabeza.
Creí que aquella era la verdad más dolorosa que descubriríamos ese día.
Pero me equivoqué.
Porque esa misma noche, mientras revisaba los documentos que el comité había enviado a mi abogada, encontré una segunda página del acuerdo.
Una página que Michael aparentemente nunca había mencionado.
Allí figuraba una condición adicional.
«El pago restante será entregado cuando ambos menores alcancen la mayoría de edad».
Debajo aparecía una cifra mucho mayor.
Un millón de dólares.
Y una fecha de vencimiento.