—Sí, señor.
El general respiró profundamente.
—La investigación de Fort Blackridge ha revelado que algunas de las acusaciones presentadas contra usted se basaron en documentos alterados.
Asentí lentamente.
—Lo sospechaba.
—Pero hay algo más.
Levanté la mirada.
Hayes continuó:
—Encontramos evidencia de que una persona cercana a usted proporcionó información privada que posteriormente fue utilizada para cuestionar su credibilidad.
Sentí un escalofrío.
—¿Una persona cercana?
El coronel Reed colocó una hoja sobre la mesa.
Era una copia de un correo electrónico.
Reconocí inmediatamente la dirección del remitente.
Daniel Carter.
Mi hermano.
Sentí que el mundo desaparecía.
—No…
El general Hayes me observó con seriedad.
—Todavía debemos determinar el contexto completo y las responsabilidades correspondientes.
Pero yo apenas podía escuchar.
Porque recordé aquella época.
Los meses en los que mi carrera había estado bajo investigación.
Las noches sin dormir.