Sin embargo, también aprendí que una transferencia sospechosa no demuestra por sí sola un delito.
La investigación tendría que establecer quién había autorizado los movimientos, quién se había beneficiado y si existía intención de ocultar dinero.
Lo que sí quedó claro fue que mi padre había mentido sobre varias operaciones de su empresa.
Y Verónica sabía más de lo que había admitido inicialmente.
6. Mi padre vino a verme a escondidas
Una noche, mientras la enfermera cambiaba el vendaje de mi muñeca, alguien llamó a la puerta.
Era mi padre.
Llevaba un ramo de flores blancas y una expresión de tristeza cuidadosamente ensayada.
—Necesito hablar con mi hija.
La enfermera me miró.
Yo sentí que las manos se me enfriaban.
—No quiero verlo —dije.
Mi padre dio un paso hacia el interior.
—Valeria, por favor. Soy tu padre.