La enfermera acompañó a Teresa hasta la puerta.
Antes de salir, mi madre se volvió.
—Algún día te arrepentirás de haber destruido esta familia.
La miré a los ojos.
—Mamá, yo no destruí esta familia. Solo dejé de ocultar lo que estaba pasando.
La puerta se cerró.
Y por primera vez desde que desperté, lloré sin sentir que tenía que disculparme por hacerlo.
3. Martina llegó con una noticia aterradora
Esa misma tarde, Martina apareció en el hospital.
Era mi mejor amiga desde la universidad. Tenía treinta años, trabajaba como enfermera en otra clínica y había sido la única persona que me llamó todos los días durante las primeras horas de mi hospitalización, incluso cuando no podía responder.
Cuando entró en la habitación, se quedó inmóvil al verme.
Después se acercó y me abrazó con cuidado.
—Pensé que te había perdido —susurró.