—Pero puedes ser las dos cosas.
Sonreí tristemente.
—Supongo que sí.
Después de cenar, saqué una pequeña caja de madera del armario.
Dentro había fotografías antiguas.
Una medalla.
Y una carta que nunca había tenido el valor de abrir nuevamente.
Evan observó una imagen.
Yo aparecía junto a otros seis hombres.
Todos llevábamos uniformes militares.
Uno de ellos sostenía una bandera estadounidense.
—¿Quiénes son? —preguntó.
Sentí que la garganta se me cerraba.
—Mis compañeros.
Evan señaló al hombre que estaba junto a mí.
—¿Y él?
Bajé la mirada.
—Se llamaba Michael Reyes.
Mi mejor amigo.
El hombre que había muerto durante nuestra última misión juntos.
Evan permaneció callado.
Después preguntó:
—¿Lo extrañas?
Asentí.
—Todos los días.
Mi hijo tomó mi mano.
—Entonces podemos recordarlo juntos.
Sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas.