PARTE 2: EL HOMBRE QUE NADIE CONOCÍA

El silencio fue absoluto.

Blake me observó con renovada atención.

—¿Estuviste en el ejército?

Asentí.

—Hace mucho tiempo.

—¿En qué unidad?

No respondí.

Thomas lo hizo por mí.

—Sirvió en operaciones especiales de la Marina.

Una mujer se llevó una mano a la boca.

Blake palideció ligeramente.

Pero su orgullo pudo más que su prudencia.

—Eso no significa que pueda vencerme.

Lo observé.

—No necesito vencerte.

—Entonces admite que tienes miedo.

Respiré profundamente.

—Lo único que quiero es una disculpa para mi hijo.

Blake apretó los puños.

Y cometió su segundo error.

Se lanzó hacia mí sin advertencia.

Esta vez no intenté solamente esquivarlo.

Intercepté su avance, controlé su brazo y utilicé su propio impulso para llevarlo suavemente hasta la colchoneta.

Todo terminó en segundos.

Blake quedó boca abajo, inmovilizado sin recibir ningún golpe.

No podía levantarse.

No podía girarse.

Pero tampoco estaba herido.

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