PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Discutimos porque había tomado mi chaqueta sin pedirme permiso.

Le dije que era una niña insoportable.

Ella me respondió que yo actuaba como si fuera su madre.

Fueron palabras estúpidas.

Palabras de hermanas.

Palabras que jamás pensé que serían las últimas que le diría antes de perderla.

Lucía salió de casa.

Nunca regresó.

La policía encontró su bicicleta cerca de una carretera, junto a una zona donde entonces se estaban construyendo varios edificios.

No encontraron su cuerpo.

No encontraron señales claras de lo que había ocurrido.

Durante meses, nuestra madre recorrió hospitales, comisarías y refugios. Pegó fotografías en postes y repartió folletos por toda la ciudad.

Yo la acompañé siempre que pude.

Pero los años pasaron.

Las pistas desaparecieron.

Y la esperanza empezó a convertirse en una herida que ninguna de las dos sabía cómo cerrar.

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