PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Se detuvo y se apretó las sienes.

—Hay una mujer que canta. Una mujer que me llama por un nombre…

Mi corazón golpeaba tan fuerte que apenas podía escucharla.

—¿Qué nombre?

La anciana abrió los ojos.

Me miró como si intentara atravesar veinte años de oscuridad.

—Lu… Lucía.

Se me doblaron las rodillas.

Me senté en el suelo del baño y rompí a llorar.

—¡Dios mío!

No sabía si estaba ante un milagro o si mi dolor me estaba haciendo imaginar cosas.

Pero ella había pronunciado el nombre.

El nombre que yo llevaba veinte años repitiendo en mis sueños.

La mujer extendió una mano hacia mí.

—¿Por qué lloras?

Me aferré a sus dedos.

—Porque llevo veinte años buscándote.

El secreto de aquella noche

Cuando tenía catorce años, Lucía era la persona más importante de mi vida.

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