El nombre del responsable estaba escrito a mano.
Roberto Salvatierra.
Debajo aparecía un número de teléfono antiguo y una dirección.
Teresa también había guardado una nota que encontró entre las pertenencias de Lucía.
Era un pequeño trozo de papel doblado varias veces.
La letra era infantil.
Decía:
«Mariana, si encuentras esto, no dejes que se lleven la caja de mamá».
Me quedé paralizada.
—Yo nunca vi esta nota.
Teresa me tomó la mano.
—La niña la llevaba escondida en el forro de su abrigo. Nunca pudimos entender qué significaba.
La caja de mamá.
Miré a Alejandro.
—Mi madre tenía una caja de madera donde guardaba documentos familiares. Cuando murió, yo conservé algunas cosas, pero la caja desapareció durante la mudanza.
—¿Estás segura? —preguntó él.
—Completamente.
Recordé que nuestra madre guardaba allí fotografías, certificados, cartas y documentos relacionados con una pequeña propiedad que había heredado de su familia.