PARTE 2: La anciana sin hogar tenía la marca de nacimiento de mi hermana desaparecida… y mi marido sabía algo que podía destruir nuestras vidas

Los médicos nos advirtieron que la recuperación de Lucía sería lenta. Había pasado por experiencias difíciles y no debíamos presionarla para recordar detalles que pudieran hacerle daño.

Por primera vez, comprendí que encontrar a mi hermana no significaba que veinte años de sufrimiento fueran a desaparecer de un día para otro.

Necesitaba atención médica.

Necesitaba seguridad.

Y necesitaba tiempo.

Mientras tanto, el investigador descubrió que el padre de Alejandro había guardado documentos personales en una pequeña oficina que pertenecía a la antigua empresa familiar.

El edificio llevaba años cerrado.

Fuimos allí un viernes por la mañana.

La oficina olía a polvo y madera vieja. Había archivadores oxidados, cajas de contratos y muebles cubiertos con sábanas.

Alejandro recorrió la habitación en silencio.

—Mi padre pasaba horas aquí —dijo—. Nunca permitía que nadie entrara sin su autorización.

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