—Tía, ¿estás enfadada con nosotros?
Sentí que algo se rompía dentro de mí.
Me agaché frente a él.
—No, cariño. Tú no has hecho nada malo.
—Mamá dijo que esta sería nuestra casa.
Le acaricié el cabello.
—Los adultos a veces toman decisiones equivocadas. Pero eso no significa que tú tengas la culpa.
Su hermana mayor me abrazó.
Yo los abracé a ambos.
No eran responsables de las mentiras de sus padres y de su abuelo.
Y jamás permitiría que crecieran creyendo que tenían que elegir entre querer a su familia y decir la verdad.
Cuando se marcharon, Olivia se quedó unos segundos frente a mí.
Esperé una disculpa.
No llegó.
—Algún día entenderás que todo esto era innecesario —dijo.
La miré con tristeza.
—Sí, Olivia. Era innecesario. Por eso intenté ayudarte durante tantos años sin pedirte nada a cambio.