PARTE 2 — La trampa que nunca vieron venir

Incluso había encargado muebles nuevos.

Pero el abogado de la propiedad le envió una notificación formal en la que se le explicaba que no tenía autorización para realizar modificaciones, transferir derechos ni asumir que podía permanecer allí indefinidamente.

Olivia me llamó aquella misma noche.

—¡No puedes echarnos! ¡Ya hemos llevado todas nuestras cosas!

—Nunca debisteis entrar sin mi permiso.

—¡Los niños ya están instalados!

—Entonces tendrás que organizar una salida adecuada para ellos. No voy a ponerlos en peligro ni a utilizarlos para castigarte.

Por primera vez, mi hermana pareció quedarse sin palabras.

—¿Y qué se supone que debemos hacer?

—Lo mismo que cualquier persona que descubre que una propiedad no le pertenece: hablar con un abogado y buscar una solución legal.

—¡Pero papá dijo que todo estaba arreglado!

—Pregúntale a papá por qué te hizo creerlo.

Colgué.

No sentí alegría al imaginar a mis sobrinos teniendo que hacer las maletas.

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