Mi padre cerró los ojos.
Pero yo apenas escuchaba.
Porque acababa de descubrir que las personas que me habían abandonado ni siquiera eran mis padres biológicos.
Y que quizá habían intentado aprovecharse de una herencia que yo desconocía.
—¿El abuelo sabía todo esto? —pregunté entre lágrimas.
Samuel asintió.
—Sí. Y dedicó buena parte de su vida a proteger tus derechos.
Miré la fotografía antigua.
Aquella mujer desconocida me sostenía entre sus brazos con una ternura que podía percibirse incluso a través del papel envejecido.
—¿Quién era mi verdadero padre?
Samuel permaneció callado.
Mi corazón comenzó a latir todavía más rápido.
—Señor Harrison… ¿quién era?
El abogado miró a Richard Bennett.
Después abrió lentamente el último documento.
—Tu abuelo descubrió su identidad hace apenas dos años.
Mi padre se puso de pie inmediatamente.