PARTE 2 — LA ÚLTIMA VOLUNTAD

El abogado abrió la libreta.

—Hace diecisiete años, poco después de que ustedes dejaran a Clara con su abuelo, se creó una cuenta fiduciaria destinada a cubrir su educación y bienestar.

Mi padre frunció el ceño.

—¿Y qué?

—La cuenta recibió una aportación inicial de cuatrocientos mil dólares.

Me quedé sin respiración.

—¿Cuatrocientos mil?

Samuel asintió.

—Pero ese dinero no procedía de su abuelo.

Miré nuevamente la fotografía.

—Entonces, ¿de quién?

El abogado señaló a la mujer que sostenía al bebé.

—De ella.

Mi madre soltó un pequeño grito.

—¡Basta!

Samuel no se detuvo.

—Su nombre era Eleanor Whitmore.

Sentí que un escalofrío me recorría la espalda.

Nunca había escuchado aquel nombre.

—¿Quién era?

Samuel respiró profundamente.

—Una mujer que conoció a tu abuelo muchos años antes de que nacieras.

Mi padre golpeó la mesa.

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