La primera vez que Jake vio a Noah
Un mes después, tras recibir asesoramiento legal, Jake pudo solicitar una visita.
La reunión se organizó con las precauciones acordadas entre las partes.
Yo todavía estaba recuperándome. Me cansaba con facilidad y algunas noches despertaba sobresaltada al recordar aquella habitación y la sangre sobre la alfombra.
Pero había comenzado a recibir apoyo psicológico y estaba aprendiendo a vivir sin sentir que debía justificar cada necesidad.
El día de la visita, Jake llegó con una bolsa llena de regalos.
Había comprado ropa de diseñador, juguetes costosos y una manta bordada con el nombre de Noah.
Cuando vio a nuestro hijo en mis brazos, sus ojos se llenaron de lágrimas.
—Hola, pequeño —susurró.
Noah abrió los ojos y movió una mano.
Jake empezó a llorar.
—Lo siento —dijo, mirándome—. Lo siento muchísimo.