PARTE 2: LA ÚLTIMA VOLUNTAD

La miré fijamente.

—Eso mismo me dijiste cuando Sylvia intentó explicarme las transferencias.

Eleanor apretó los labios.

—Porque ella estaba robándonos.

—Entonces podremos demostrarlo mediante una auditoría independiente.

Su rostro perdió el color.

Y por primera vez en mi vida, mi madre no encontró una respuesta inmediata.

Cuando regresé a la habitación 418, Sylvia estaba despierta.

Tenía el rostro agotado.

Pero al verme entrar, sus ojos se llenaron de esperanza.

—¿Lo encontraste?

Asentí.

Me acerqué a su cama.

Durante varios segundos no pude hablar.

Finalmente tomé su mano.

—Sylvia, perdóname.

Ella comenzó a llorar.

—Alexander…

—No te escuché. Dejé que otros decidieran lo que debía creer sobre ti.

Una lágrima recorrió su mejilla.

—Intenté explicártelo tantas veces.

Lo sabía.

Recordaba sus llamadas.

Sus mensajes.

Las noches en que me esperaba despierta para enseñarme documentos que yo me negaba a mirar.

Y recordaba cómo mi madre repetía que Sylvia estaba desesperada porque había sido descubierta.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *