Las lágrimas me nublaron la vista.
Richard me acercó una caja de pañuelos sin decir nada.
—¿Qué fue de él? —pregunté cuando pude hablar—. ¿Cómo pasó de vivir en la calle a tener un abogado que lo representa?
Richard esbozó una sonrisa triste.
—No ocurrió de un día para otro. Samuel pasó varios años en refugios, consiguió un trabajo en un almacén y luego empezó a estudiar por las noches. Un antiguo supervisor le ofreció una oportunidad en una pequeña empresa de logística. Era disciplinado, aprendía rápido y nunca olvidaba a las personas que lo habían ayudado.
—¿Y llegó a tener una empresa?
—Con el tiempo fundó una compañía dedicada al transporte y almacenamiento de mercancías. No fue un camino fácil. Hubo deudas, fracasos y años en los que apenas conseguía pagar a sus empleados. Pero siguió adelante.