Richard guardó silencio durante unos instantes.
Después deslizó el sobre hacia mí.
—Samuel falleció hace tres meses.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
No conocía a aquel hombre. No sabía dónde había vivido, si tenía familia o qué había sido de su vida después de nuestra breve conversación.
Y, sin embargo, aquella noticia me dolió de una forma que no esperaba.
—Lo siento mucho —murmuré.
Richard asintió.
—Durante sus últimos meses, habló varias veces de usted. Me pidió que la encontrara y le entregara personalmente esta caja. No quería que nadie se la enviara por correo ni que usted recibiera una llamada de un desconocido con una noticia que no pudiera comprender.
Miré el sobre.
Mi nombre estaba escrito con una letra irregular, pero firme.
Elena.
Solo Elena.
Abrí la solapa con cuidado y desplegué la primera hoja.
Querida Elena: