## PARTE 2
Malcolm permaneció inmóvil.
Escuchaba la respiración tranquila del niño al otro lado de la biblioteca.
Pasaron cinco minutos.
Luego diez.
Nada.
Finalmente, Malcolm entreabrió un poco los ojos.
Milo estaba sentado en el suelo, con las manos sobre las rodillas, exactamente donde su madre le había pedido.
Pero entonces el niño levantó la mirada hacia el sobre.
Malcolm volvió a cerrar los ojos inmediatamente.
—Vamos… —pensó—. Hazlo.
Esperaba ver unas pequeñas manos acercándose al dinero.
En cambio, Milo se levantó lentamente y caminó hacia la mesa.
Malcolm sintió que su corazón se aceleraba.
El niño tomó el sobre.
Pero no sacó el dinero.
Lo cerró.
Después miró a Malcolm.
—Señor Greyford…
Malcolm permaneció inmóvil.
—Creo que esto se le cayó.
El niño dejó el sobre sobre la mesa.
Pero no se marchó.
Se quedó mirando al anciano durante unos segundos.
Entonces hizo algo que Malcolm jamás habría imaginado.
Sacó de su bolsillo una pequeña libreta azul, arrancó una hoja y escribió algo.
La dejó junto al sobre.
Después regresó a su lugar.
Malcolm esperó.
Cuando estuvo seguro de que el niño no lo observaba, abrió ligeramente un ojo.
En el papel había una frase escrita con letras torcidas:
**”No quiero su dinero. Mi mamá dice que tomar cosas que no son nuestras está mal.”**
Malcolm sintió algo extraño en el pecho.
Hacía décadas que nadie le había provocado aquella sensación.
Pero todavía quería llevar la prueba hasta el final.
Esperó otros diez minutos.
Entonces escuchó un ruido.
Milo había empezado a toser.
Una vez.