Sofía mantuvo su conejo de peluche sobre las rodillas.
Finalmente pregunté:
—¿Desde cuándo Renata las trata así?
Valeria miró a su hermana.
—Desde que dijo que iba a convertirse en nuestra nueva mamá.
Sentí un dolor profundo.
—¿Por qué nunca me lo contaron?
Mi hija mayor comenzó a llorar.
—Porque decía que si hablábamos, tú dejarías de querernos.
La abracé.
—Perdóname por no haberlas escuchado antes.
A la mañana siguiente llamé a mi abogado, Daniel Fuentes.
Le pedí que revisara las grabaciones, protegiera la privacidad de mis hijas y examinara los documentos relacionados con nuestra boda.
Dos horas después, Daniel llegó con una noticia inesperada.
—Alejandro, encontramos movimientos financieros extraños.
Fruncí el ceño.
—¿Qué movimientos?
—Renata intentó acceder a una cuenta destinada a la educación de tus hijas.
Sentí un escalofrío.
—Eso es imposible. Ella no tiene autorización.