Capítulo 2: La muñeca

—No lo tengo agarrado —dije con calma—. Lo tengo controlado. Hay diferencia.

Miré a Derek, arrodillado.

—Suéltame tú primero —dije—. La muñeca. Suéltame.

—Ya te solté —jadeó.

—Bien. —Lo solté—. No vuelvas a tocarme.

Me aparté. Derek se quedó en el suelo unos segundos, sujetándose la muñeca, con la cara roja. No de dolor: de humillación.

—¿Qué… qué fue eso? —preguntó un primo.

Diane se había puesto de pie, temblando.

—¡La atacaste! ¡Delante de todos! ¡Llamo a la policía!

—¿Para decirles qué, mamá? —dijo Ryan—. ¿Que tu hijo la agarró primero? ¿Que le tiró una cerveza encima? Hay veinte testigos.

—¡Ella… ella hizo algo! ¡Eso no es normal!

—No —dije—. No es normal. Es entrenamiento.

—¿Entrenamiento de qué? —preguntó Marissa.

Miré a Ryan. Asintió.

—Fui luchadora profesional de MMA —dije—. Ocho años. Campeona de mi división. Me retiré hace seis.

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